Toda mi correspondencia, disuadida por esas otras vidas que no alcanzan las sombras de tu quietud, que creen en la belleza de tus tinos y la premura de tu edad. Y lo creen porque es muy cierto.

Si desde hace una semana deje el llanto que se impone a goce, hoy lo trajo ella hablándome de ti, de sus tardes, de sus poemas, ahora. Y la tragedia, eso inevitable que viene a visitarme y a enjaularme hondamente con tal crueldad que extrae y agota todo lo que amanece, lo nuevo, lo que estreno, lo que está en turno de desdoblarse- No soy una persona inteligente, soy una persona natural.

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