Piel de Lobo III

Cuando todo convoca y me suma esas imposibilidades. Tuyas, mías, la disputa de todos los tiempos -y digo esto mientras pienso en los centros dilocados de la poesía- que se acarician con un humor torpe y candente, café.

Y la forma abstraída de tu espalda como una escultura que llega antes a la boca que a las manos. Y una mujer, que te amolda en la dualidad de cuerpos, con el disgusto entredicho a cada miembro convexo, que temes te atrape como ya lo hizo con tus días -y las ideas que asaltan con agua fría en el momento-menos-pensado, que vacila ante ti e interviene como un sendero seco y rosa, seco… y rosas nacaradas.

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